Hoy todo viste un tinte caótico, un amargo sabor a nostalgia. Una pesadumbre abrumadora inunda mi cuerpo y alma. Pasé por un estado depresivo grave del que me costó salir y en el que aún estoy inmerso de alguna forma. La ayuda de amigos y parientes fue fundamental para seguir viviendo.
Estoy escribiendo esto ahora sin encontrarle una razón. Pienso reiteradamente: ¿a quién puede llegar a importarle? Pero no es un texto informativo ni una noticia periodística que requiera de un destinatario o del público. Hoy me desperté con la vista nublada por el llanto, no comí. No intento preocupar a nadie, simplemente he perdido las ganas de hacer muchas cosas. Pero la gente se preocupa, aquellos que me quieren. Y me siento un completo imbécil, un egoísta, haciéndoles perder el tiempo y preocupándolos.
Sé que estoy mejor que ayer, pero todavía hay algo que no funciona correctamente en mi. Alguien me dijo: ¿por qué no escibís? Porque incluso había dejado de escribir estos días, y de leer, ya no usaba la computadora ni el celular y el teléfono solo lo contestaba a veces. Quería estar solo en mi búsqueda por dejar de estarlo, es complejo de explicar. Sólo tenía tiempo para suspirar, llorar y pensar. Mi mente no cesaba de disparar contra mi alma y mi consciencia solo sabía una cosa: que había perdido sus esperanzas y su único combustible que eran las ganas de vivir, el amor por la vida. Sé claramente que no estoy solo, lo comprendo, es un hecho. Y sin embargo no he dejado de sentirme solo estos días.
Ahora las cosas las veo más claras. Estoy de vuelta en la computadora, escribiendo. Pareciera increíble. A la mañana tomé un viejo cuaderno e hice algunas anotaciones. A la tarde entré a un foro de poesía y vi que había nuevas respuestas a mis textos. Sonreí por tercera vez desde que entré en este deplorable estado melancólico. La primera se la debo a mi padre, que me acompañó incansablemente y en una charla profunda terminó por levantarme un poco el ánimo haciendo uso también de su inagotable humor. Y la segunda a una amiga que con su visita logró levantarme la autoestima. A ambos agradezco, al igual que a todos aquellos que me acompañaron y se preocuparon. Quiero pedirles disculpas, no hay palabras para hacerlo, les prometo que saldré de esto, porque recuperé lo que jamás debiera haber perdido: la esperanza.
No quiero que nadie sienta lástima de mí, dudé en publicar esto porque pensé que eso era lo que ocurriría. La gente pensaría: 'pobre desgraciado', o por el contrario, 'que estúpido'. Nunca me importó lo que la gente que no me conoce pensara y sin embargo, este pensamiento sí recorrió mi mente. Quiero que sepan que la depresión es una enfermedad y que nadie, nadie que no haya pasado por ella puede saber cómo es. Se siente que nada tiene sentido, ni la vida misma, que se está terriblemente solo, que nadie te comprende. No se tiene ganas de nada y las lágrimas acuden a uno repetidamente sin que uno pueda explicar lo que siente.
Hoy siento deseos de escapar de la realidad. Pero no hallo en mis fantasías el alivio que antes me invadía al soñar despierto. Espero pronto vuelva a encenderse la llama de mi espíritu, esa que tras una tormenta se rindió y dejó de brillar.
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